Historia

HISTORIA DE LA APARICIÓN:

Representación de La Aparición en el
Santuario con la anterior Imagen.
Un pastor de Colomera (Granada), llamado Juan Alonso Rivas, apacentaba su ganado, cabras y ovejas, en las alturas de Sierra Morena junto a la cumbre del Cabezo. Era cristiano sencillo y fervoroso, quizá algo entrado en años y estaba aquejado de una anquilosis o paralización total en el brazo izquierdo. 

Empezaron a llamar su atención las luminarias que divisaba por las noches sobre el monte cercano a donde tenía su hato y a las que se sumaba el tañido de una campana. Finalmente quiso salir de duda y en la noche del 11 al 12 de agosto del año 1.227 resolvió llegar a la cumbre. A su natural temor sucedió una expresión de asombro y gozo, porque en el hueco formado por dos enormes bloques de granito, encontró una imagen pequeña de la Virgen, ante cuya presencia se arrodilló el pastor y oro en voz alta entablando un diálogo con la Señora. 

La Santísima Imagen le expresó su deseo de que allí se levantara un templo, enviándolo a la ciudad, para que anunciara el acontecimiento y mostrara a todos la recuperación del movimiento en su brazo y de esta forma, dieran crédito a sus palabras. Bajó a la ciudad y anunció el suceso que no tuvieron más remedio que creer ante el testimonio de su brazo curado.


HISTORIA DE LA COFRADÍA LOCAL:

Fue en 1.842 cuando, posiblemente ante las perspectivas optimistas del inminente reinado de Isabel II, se fundó la Cofradía de la Virgen de la Cabeza de Marmolejo, si bien no hay conocimiento ni recuerdo de quién o quiénes fueron sus promotores, Junta de Gobierno, ni relación de hermanos. Lo que sí se puede afirmar es que no debió hacerse con la suficiente solidez, porque seis años después la Cofradía desapareció prácticamente, quedando inactiva durante veinticuatro años -como lo prueba, por ejemplo, el que no figure en el acta notarial levantada con motivo del pago de un adeuda contraída por don Narciso García Prado, por la asistencia sanitaria y el entierro de doña María San Pedro Pérez ocurrido en 1854 y al que concurrieron todas las hermandades existentes en el pueblo: la del Santísimo sacramento, la de la Santa Cruz, la de Jesús Nazareno, la de la Ánimas, la del Rosario y la Nuestra Señora de los Dolores-.

Título de "Real" otorgado por la Reina Isabel II. El 1 de mayo de 1888.

Siendo ello así, el año 1866 fue crucial en la historia de la Virgen de la Cabeza en Marmolejo. Manuela Casado, una muchacha de 18 años hija de un vecino de Marmolejo llamado Miguel Casado Romero, antiguo hermano de la Cofradía originaria, enfermó de cierto cuidado. A pesar de dispensarle toda su ciencia y cuantos cuidados eran necesarios, don Antonio Malo de Molina, el médico que la visitaba casi a diario en su casa, situada en el primer tercio de la calle Calvario, no daba en sanarla y en estado se iba agravando paulatinamente. El aspecto de la muchacha, en lugar de juvenil y lozano, propio de alguien en la flor de la vida, era deslucido y lastimoso. Ni con la venida de la primavera albergaba Miguel ilusión alguna. Todo el tiempo que le permitían sus faenas de la huerta lo pasaba junto a la cama de la enferma.

Llegado abril, el estado de salud de Manuela era desesperado. El médico, en el límite de su saber, no podía hacer más… sólo quedaba rezar. Las oraciones mezcladas con las lágrimas fluían del desconsolado padre que veía como, cada día que pasaba, su hija se apagaba más y más. Pero con el ocaso de abril, llegó su domingo postrero y con él, la tradicional Romería. Entonces, Miguel se encomendó a la Virgen y tomando su caballería partió para el Cabezo. Abrió su corazón a la Divina Señora y arrodillado junto a la verja pasó el sábado, el domingo y la noche de entrambos, pidiéndole a la Virgen salud para su hija. A cambio prometía para la honra perpetua de la Morenita, refundar la Cofradía de su nombre en Marmolejo, adormecida desde hacía 24 años.

Interior del antiguo Santuario. Fotografía de 1890.

Y la Virgen obró el milagro.

Y cumplió Miguel Casado Romero lo que había prometido. Reorganizó la Cofradía, y comprando para ella banderas, estandartes, cetros y cuanto necesario fue para dejarla establecida, ya sin interrupción hasta el día de hoy.

Pero no contento con haber cumplido cuanto a la Virgen había prometido, Miguel dio un paso más. Con la intención de hacer manifiesto y perpetuo su agradecimiento por tan inmenso bien, y de potenciar el fervor de los marmolejeños a la Reina de Sierra Morena, encargó la pintura de un cuadro al óleo.

Y aunque el pintor no se esmeró mucho en su trabajo o porque carecía del arte necesario, el cuadro resultante no pasó de tener mediano mérito, pero para Miguel Casado por el solo hecho de yacer pintada la Virgen de la Cabeza, ya era un tesoro suficientemente sobrado para evocar aquel domingo abrileño de 1866, en que la Virgen de la Cabeza sanó a su hija.

Cuadro original, restaurado de la quema en 1940.
Instaló de forma permanente el cuadro en el zaguán de su casa para que tuvieran acceso a él cuantos quisieran acercarse a la Virgen. Puso también un humilde cepillo para recoger las aún más humildes limosnas que quisieran dejar, destinando cuanto se colectaba al cuidado del monumento. No tardó aquel óleo en ser receptor de piadosas visitas, esperanzadas rogativas y silentes plegarias. Incluso los más curtidores braceros, al salir o volver del campo por aquel lugar, a pie o en sus bestias, no podían disimular una mirada, aunque fuese de soslayo. Idéntica actitud tomaron los transeúntes que pasaban por Marmolejo, cuando venían por aquella calle que entonces se llamaba De Los Bueyes, como tampoco faltaron agüistas que, contagiados de tan intensa devoción y casi seguro que implorando remedio para sus afecciones, le trajesen a la Virgen florecillas del campo o alguna otra lindeza parecida y se las ofertaran, mientras en el fondo del cepillo bailaba y rebotaba la parte material de la gracia en forma de moneda.

Una madre y una hija regresaban del Balneario. Llevaban solo una semana en Marmolejo y ya las aguas iban dominando las dolencias que les trajeron. Y ninguna tarde, al regresar, olvidaban un detalle para el cuadro de la Virgen: una rosita de oló de los jardines de los manantiales, una ramita de romero cogida al paso por “Las escalinatas”, un par de campanillas azules tomadas del arríate del Hotel Balneario… y aquella tarde dos carrizos con sus penachos abiertos de la era del río. Tras depositarlos y acabado el recogimiento de una breve oración, cruzaron madre e hija sus pechos con una cruz. Al irse, saludaron a Manuela Jiménez Real que, desde ese mismo año; 1955, se ofreció a cuidar del cuadro, de las velas, del cepillo, y de cuanto se incluía en aquel improvisado oratorio.

Fue en unas de esas tardes de verano, en las que el sol con sus arrebotes lanza una larga torera a la tarde. Cuando una vecina, María Medina Robles, cuya hija encamada no acababa de pelar unas tercianas, sacó de su bolsillo unas mariposas y las encendió con tan mala fortuna que la llamita prendió en los penachos de los carrizos. De estos, pasó el fuego a las flores secas y, por algunas cintas de seda que colgaban, al cuadro.

María, en principio intentó arreglar el desaguisado, pero enseguida viendo que le era imposible controlar la situación y que las consecuencias podían ser irreparables, dio en pedir socorro a grandes voces. La pobre mujer, llorando de impotencia y agobio por el sentimiento de culpa, no podía sino ser testigo de cómo el cuadro ardía por todos lados… ¡menos por donde estaba pintada la Virgen!

Mosaico que a día de hoy sigue establecido en
la calle Calvario, número 9.
La primera persona en llegar fue Manuela, la cuidadora del cuadro. Entre ella y María, repuesta ya del susto, lograron sofocar el pequeño incendio. Mientras los vecinos, a medida que se percataban del suceso, se dirigían al lugar.

Era, por aquellos años, Presidente de la Cofradía don Pedro Pastor González, el cual, para evitar situaciones como la descrita. Mandó, con pleno acierto, realizar un precioso mosaico de azulejos y colocarlo en sustitución del lienzo. Aquel mosaico es el que ha llegado hasta nosotros.

Dª. Manuela Jiménez Real, vecina de Marmolejo, desde el año 1955 se encargó de cuidar el cuadro hasta la fecha. Dª. Manuela es ya persona anciana, la cual en las tareas de cuidar el cuadro de la Virgen le ayuda su hija la mayor.


HISTORIA DE LA IMAGEN ACTUAL LOCAL:

…Después de todo esto, vino la Guerra Civil, desgracia de todos los hermanos de la Cofradía y de los vecinos de Marmolejo, ya que se perdió y se destruyo lo mucho o poco de la Cofradía.

En el año 1940, acuerdan un grupo de personas reorganizar de nuevo la Cofradía de la Stma. Virgen de la Cabeza y darle un impulso fervoroso y creciente a dicha Cofradía.

Por elección se forma una Junta de Gobierno, con carácter permanente, compuesta por un Presidente, Tesorero, Secretario y seis vocales, cargos que recaen en los hermanos;

Presidente: D. Andrés Pastor Peña
Secretario:  D. Julio Vizcaíno Perales
Tesorero:    D. Miguel Navarro Molina
Vocales:      D. Juan Collado
                    D. Cristóbal García Sáez
                    D. Agustín Barragán Pérez
                    D. Alfonso Sánchez Solís
                    D. Pedro Barragán Arévalo
                    D. Pedro Pastor González

Se eligió Hermano Mayor transitorio a D. Antonio Ortega Quesada para el año 1941, siendo por aquella fecha los gobernadores de banderas D. Francisco Perales González, D. Juan Robles Casas y D. Juan Casado Cañaveras, celebrándose esta reunión en la sacristía de la Parroquia de Ntra. Sra. La Paz en el día del Señor del año 1940.

Por aquellas fechas el presidente D. Andrés Pastor Peña, encargó que hiciera una Imagen de la Virgen, al escultor Aldehuela de Andújar, siendo la Imagen que nos preside hoy en día.